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¿No sabes qué hacer con las rabietas de l@s más pequeñ@s? Conviértete en una lavadora 16/01/2020

GLORIA SEMPERE

Desde la Psicología

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El control emocional es una habilidad que debe ir adquiriéndose a lo largo de toda la vida. El desarrollo del cerebro no finaliza hasta el comienzo de la vida adulta, y nuestras vivencias, estilo de apego de nuestr@s cuidadores y temperamento, entre otros aspectos, determinarán la manera en que nos enfrentamos a la frustración ante situaciones difíciles. Alrededor de los 2 años, l@s niñ@s pueden empezar a tener reacciones emocionales fuertes, lo que conocemos como rabietas.

 

Las rabietas

 

El/la niñ@ va adquiriendo poco a poco la forma en la que se relaciona consigo mism@ y con el mundo  y las rabietas son una forma de aprender a delimitar las fronteras entre su visión egocentrista y el resto. 

 

Es importante que sepamos que, cuándo aparecen estos estados emocionales, l@s niñ@s están sufriendo y necesitan expresarse. Sus emociones son del estilo 'todo o nada', por lo que, como adultos, podemos enseñarles que esta vivencia emocional es transitoria y pueden encontrar un punto intermedio en sus emociones. Lo que se pretende no es darles lo que desean para evitar la frustración o dejarlos solos en este momento como castigo, sino hacerles ver que estáis presentes, que les entendéis, veis y escucháis. 

 

La persona encargada del cuidado de l@s niñ@s, tiene que ser la encargada de ofrecer a ést@s la seguridad, el sostén y el equilibrio a la hora de sus explosiones emocionales, y serán 'contenedores' de estas emociones. 

 

La lavadora como metáfora

 

Imaginad que l@s niñ@s son el tambor de una lavadora: este espacio va llenándose de ropa sucia y se activa la función de llenado de lavadora, donde empieza a entrar agua (las emociones) y después viene el centrifugado... ¿qué ocurriría si este tambor, lleno de ropa y agua, no fuera contenido por una estructura firme, fuerte, con medidas de seguridad, y flexible? Todo lo que hay contenido dentro de ésta, se desbordaría.

 

Pues con las rabietas ocurre lo mismo. El infante va llenándose de frustraciones y las emociones empiezan a inundar su 'recipiente', llegando al centrifugado, lo que conoceríamos como rabietas, por lo que es necesario que la persona adulta le enseñe y demuestre que está segur@ y que no le haga sentir como un monstruo. Que hay un tiempo para que esta fase llegue a su fin, e incluso, se puede apretar un botón para intentar parar el centrifugado.

 

¿Cómo deberían actuar est@s cuidador@s?

 

Dejando el espacio a la expresión emocional, sin dejar que se lesione o lo haga con otros, estando presente y tranquilo...  Pulsando aquí se puede ver un claro ejemplo de lo que significa esto.

 

No siempre el adulto tiene las habilidades, tiempo, paciencia y templanza para poder hacerlo, pero siempre se puede recurrir a ayuda de profesionales que te acompañen en este proceso de adquisición de nuevas habilidades.

 

Nadie mejor que las personas responsables de su cuidado van a aportar la seguridad, amor y comprensión a la hora de delimitar y contener el sufrimiento que esto les provoca.


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